EL CORAZÓN DE LA MADRE

Ser madre es una vocación,

en ella brota la fuente de la vida

donde mana la entrega, el servicio,…

fruto de un amor sin medida.

La maternidad es un don sagrado

que implica la grandeza de sustentar,

protege, educar y guiar a los hijos

sin rendirse ante los cuidados.

Contemplando el corazón de la madre

se aprende a vivir por el camino de la entrega;

a conocer el lenguaje de la ternura,

de las caricias, del silencio, de la mirada.

Porque ella sabe de apoyo en el dolor,

de mansedumbre, de abnegación,

de generosidad, respeto y comprensión,

actuando siempre según le dicta su corazón.

Este amor materno incondicional

nos apremia ahondar en la riqueza

del gran potencial de su entrega,

de la energía de su absoluta dedicación

valorando la magnitud de aquellas caricias,

aquellos besos y aquellas manos de madre

que curaban nuestro cuerpo y alma.

Hoy nos invita a corresponder con amor filial,

acogiéndola siempre en nuestra vida,

desde el agradecimiento del corazón,

con disponibilidad y abnegación.

Su entrega nos compromete a corresponder;

de ella hemos aprendido no solo a socorrer,

sino a ser siempre hábiles para adivinar

las necesidades y los cuidados,

antes incluso de ser expresados.

¿Cómo no voy a dar de lo poco que tengo para mi madre? No de aquello que me sobra, sino de lo que le falta a ella.         Esto es lo importante, porque no es bien nacido el que no es agradecido.

EL PESCADOR

¿A dónde vas navegante?

Embarcar supone poner rumbo y confiar,

adentrarse en los misterios del mar

 y dejarse mecer por las olas,

 para leer los signos del viento,

aceptando la propia fragilidad,

en la certeza de esa gran inmensidad.

¿A dónde vas navegante?

La vida en alta mar no es sencilla,

corréis peligro en cada travesía;

el rumbo de cada jornada,

no siempre resulta adecuada,

habéis de atravesar mareas

que ponen a prueba la tarea.

¿A dónde vas navegante?

Estáis expuestos a días de bonanza

y a incertidumbre de la jornada,

a horizontes espaciosos

y a tempestades inesperadas,

a amaneceres reposadas

y a crepúsculos tenebrosos…

¡Escúchame navegante!

 La hermosa imagen del mar

nos habla de la propia existencia.

Que el Señor, que calma las tormentas,

os enseñe a mirar el horizonte sin miedo.

Que Él sea el ancla de vuestra esperanza

y os conceda la paz del corazón,

en medio de este específico viaje,

bello y frágil, que es la vida del pescador.

Inspirado en el encuentro de León XIV con los hombres del mar en la fiesta del 16 julio 2026

DIGNIDAD HUMANA

Todos los seres humanos poseen la misma e intrínseca dignidad,

aunque sean o no capaces de expresarla,

 independientemente de su calidad existencial,                                          

 por encima de su empeño por no vivir a la altura de su integridad.

 Es la condición que fundamenta su identidad

protege todos sus derechos de igualdad.

Esta dignidad no puede ser ignorada,

estamos ante una verdad universal,                                                              

que nos exige su reconocimiento,                                                                                                                                        como condición fundamental,                                                                            

para sanar nuestra sociedad.                 

Sólo aceptando la dignidad de la persona,                                    

podremos hacer renacer entre todos

el deseo mundial de hermandad.

Toda persona es amada por Dios

inviolable en su dignidad, enraizada,

en el valor ontológico de su nobleza,                                                          

más allá de toda circunstancia arraigada.                 

Por lo que,

todo ser humano debe ser reconocido

aceptado y tratado con respeto y amor,

en todas sus circunstancias y condición.

Cada uno somos único y diferente

con rasgos que varían externamente,

pero hay algo que nos iguala

ante cualquier diferencia humana

nuestra dignidad de ser persona.

Es precisamente en ese reconocimiento                                                           y aceptación, donde se debe establece                                                        

 una convivencia entre los seres humanos,                                   

  que promueva y reanime la sociabilidad

hacia un horizonte de auténtica fraternidad.

La custodia por la dignidad de toda persona,

la defensa de sus derechos humanos,

es un gesto necesario y urgente por denunciar                                      

 ante las violaciones de la dignidad humana,                           

amparándolo en cada contexto social,

por encima de cualquier deficiencia física,

 psicológica, social o incluso moral,

es una tarea que debemos priorizar.

Son violaciones de la dignidad humana, las condiciones de vida infrahumanas, la prostitución, el tráfico de personas, las condiciones laborales precarias, las deportaciones, la guerra, los abusos sexuales, el «descarte» de las personas con discapacidad, la violencia de género, el aborto, la eutanasia, porque está en juego los derechos fundamentales de la vida. 

 En definitiva, «todo lo que atenta contra la integridad de la persona humana» aunque el sujeto ni sepa reconocerlo como tal, hemos de reconocerlos como actos contra los derechos humanos.

TIERRA SANTA

Tierra de nuestros antepasados,

origen de nuestra cristiana identidad,

aquí hemos sido engendrados

somos ciudadanos de esta heredad.

Los cristianos presentes en Palestina

permanecer firme en este lugar

siendo sal de la tierra y luz del mundo,

viviendo su lenguaje desde el amar;

soportando la difícil convivencia,

ejercitando el auténtico perdón,

construyendo la paz y el amor;

sufriendo una inhumana atmósfera

de odio, venganza y destrucción.

¿Qué sería de esta tierra sin su resistencia?

Hemos de alentar su permanencia,

comprometiéndonos a apoyarles;

son Evangelio vivo por su presencia

en el lugar donde nuestra fe nació;

todos somos ciudadanos de esa tierra

porque es la heredad que Dios se escogió

y ellos cuidan nuestra ausencia

confiando en un futuro mejor.

«Si los cristianos se marcharan, de Palestina, el lenguaje de la tolerancia, la convivencia, el perdón, la paz, el amor y el compartir desaparecerían, y serían totalmente reemplazados por el lenguaje de la destrucción, la matanza y la venganza».

LA MISERICORDIA

la misericordia es la virtud clave en la vida cristiana.

Es un hábito que emerge de las entrañas y no de la razón,

es un sentir en tu propio ser la miseria ajena,

es una experiencia que nace en el corazón.

Que afecta a lo más profundo del ser humano,

que nos conmueve en lo más sagrado y puro,

que emerge en un corazón compasivo y sano,

que se quiebra ante el sufrimiento del hermano.

Es percibir, asumir y compartir la miseria ajena,

sufrir lo que el otro sufre y conmoverse,

entrar en su sentir y actuar para aliviarle,

 para paliar su sufrimiento entregándose.

Es el camino que une a Dios y al hombre,

porque le abre a la esperanzade ser amado,

es mirar con los ojos de Dios al hermano,

es ver al otro como digno de ser honrado;

este nos mira a la espera de ser comprendido

y deseoso de compartir su propio destino,

se acerca a nosotros buscando comprensión,

y ansía por ser atendido en su frágil situación.

ANTE LA EMIGRACIÓN

«La dignidad humana no tiene pasaporte»: el mensaje de León XIV desde el muelle de Arguineguín

Hay que valorar la capacidad de resistencia

 de quienes se ven obligados a dejar sus países,

a los que han crecidos en la extrema precariedad,

que han sobrevivido en condiciones difíciles,

y se ha visto obligados a dejar su propio hogar.

Vienen cargados de sueños por un futuro mejor

huyendo de situaciones sin posibilidades;

donde sufría cada vez con menos alternativas

para ir a otros lugares, con otras expectativas.

Son personas que arriesgan todo

para tener un futuro mejor.

Huyen del hambre, la ignorancia,

la guerra, la miseria, la violencia …

y marchan lleno de confianza,

buscando nuevas oportunidades

demandando una vida libre y digna.

Pero se encuentran con dificultades,

 rechazo, incomprensión, desavenencia …

viaje generalmente expuesto a peligros,

a violencias inenarrables

y situaciones inexplicables.

«Desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro».» León XIV -en Canarias-

¿Cómo ofrecerles nosotros esperanza?

¿Qué propone nuestra conciencia?

La caridad, «se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles». León XIV-Canarias

A las personas que inician esta ruta,

hay que acogerlas, con interés fraterno,

animar, apoyar y acompañar este proceso,

hasta llegar a una total integración

dentro del grupo, comunidad o nación.

Los migrantes esperan hallar en otra tierra

lo que no pudieron encontrar en la suya;

inquiriendo su inserción digna

y constructiva en la nueva sociedad;

hemos de reconocer nuestra responsabilidad

de ir construyendo un mundo más fraternal

acogiendo a todos con gestos de humanidad. 

«La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro» León XIV -en Canarias-

«Libres de elegir si migrar o quedarse»  P. Francisco

 PUESTO QUE LA TIERRA PERTENECE A TODOS

La comunidad internacional

ha de comprometerse a garantizar

que en todo país de origen existan

las condiciones para sobrevivir;

generar las disposiciones necesarias

 para que el pueblo tenga como subsistir;

para que la migración sea una elección,

porque todos tenemos derecho a proseguir,

y realizarnos en nuestro lugar de nacimiento;

que nadie se vea obligado a desplazarse,

siendo libres para dar este consentimiento

de poder elegir si quedarse o marchar,

una decisión tomada libremente para optar,

sin verse obligado por penurias a emigrar.

«Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio» León XIV

El diálogo cívico

En una sana política democrática,

se ha de respetar el pluralismo,

la tolerancia cívica de opiniones,

e incluso las contradictorias decisiones,

si todos buscamos el bien común.

No será posible el encuentro y el diálogo

si no practicamos la escucha eficiente,

si no nos abrimos a aprender del otro,

si no somos capaces de acoger lo diferente;

si no asumimos la posibilidad de cambiar de opinión,

cuando veamos que haya razones suficientes,

 sabiendo combinar el respeto al oponente, 

sin que suponga una ruptura de relación.

Para una fuerte implicación comunitaria,

es fundamental escuchar a todos atentamente

e intentar comprender sus motivaciones,

aprendiendo a valorar sus explicaciones,

pues son puntos de encuentro que enriquecen

y nos lleva a aceptar lo diferente.

A un acuerdo público equilibrado

será posible llegar por consenso,

si es aceptado por la colectividad

si bajo distintas expresiones,

es reconocido por la diversidad;

y será una decisión bien tomada

si es en beneficio de la comunidad

Esta es la gran tarea a tratar,

en una buena convivencia social.

(Imagen generada por IA)

“Aprendamos a escucharnos unos a otros,

a afrontar los desafíos presentes con valentía

y a cooperar en la construcción de una sociedad

más humana y fraternal”  León XIV.

LA AMABILIDAD

La cortesía y la amabilidad es un gesto de humildad

que muestra nuestro respeto hacia los demás.

Un gesto lleno de cortesía siempre es bienvenido,

salvo para aquél que tiene la mente retorcida

o su corazón está oscurecido.

La amabilidad es una forma de deferencia,

hacia el otro que se siente respetado,

querido, cómodo, encantado….

Un gesto amable puede cambiarle el día

y llevar mejor los ratos sin compañía.

Es consideración y respeto al otro,

pero tiene que salir de dentro,

 no como pose o fingimiento,

 sino con sinceridad y miramiento.

La amabilidad sincera es estable,

confía, comprende, aguarda,

pone los medios indispensables,

no se arredra ante las dificultades

y no cede en su empeño de ser agradable.

No siempre hay una vuelta del trato

 pero lo que das, dalo con agrado,

y afrontarás las situaciones difíciles,

de la mejor manera posible.

Solo un acercamiento amigable

sana toda susceptibilidad,

y se derrota la desconfianza,

ante un gesto de amabilidad.

La amabilidad conquista el mundo. Sonríe, abraza y transmite alegría a los demás. La mayor riqueza que tenemos es saber disfrutar de la gente que nos quiere.

YO NO TE OLVIDO

«Pero yo no me olvidaré jamás de ti» (Is 49,15)

Amor de Dios por cada persona, un amor que permanece inalterable incluso ante la fragilidad propia del indigente.

Ser cristiano es mirar la existencia

con los ojos y el corazón de Dios.

El cristianismo no es una doctrina,

es una presencia de Dios en la historia.

Un cristiano no se compromete en la sociedad

 para actuar en veneficio de sus colegas cristianos,

sino para defender lo que Jesucristo defendió, 

ayudando y hablando por los que no tienen voz.

¿Cómo ha de ser nuestra presencia pública hoy?

Debemos de aprender a defender nuestras convicciones,

a dialogar sobre la dignidad y el derecho de toda persona.

Tenemos miedo a hablar de estos temas para evitar divisiones,

pero deberíamos saber tratarlos juntos y tomar decisiones.

Hemos de usar este nuevo lenguaje para dialogar,

para hablar de los derechos de toda la humanidad,

tomando conciencia de la dignidad de los marginados,

insistir que los menesterosos e indigentes sean admitidos,

reclamar que los derechos de toda persona sean atendidos,

presionar para todo ciudadano sea ayudado y favorecido.

Hemos de situarnos ante una toma de decisiones

que debemos asumir con precisión y urgencia,

no solo porque con ello nos jugamos la democracia

sino, porque nuestros auténticos valores cristianos,

reclaman el ser coherentes con nuestra conciencia.

Nuestro deber es crear, construir juntos una sociedad

donde reine la armonía, para dialogar, para hablar

sobre el crecimiento de nuestra propia historia,

donde creyentes y no creyentes nos juntemos

para construir un futuro de mejor humanidad,

 donde la dignidad humana nos ha de fraternizar

dejando a nuestro paso una huella de bondad,

donde los derechos de todos, sea nuestra prioridad. 

Esto quiere ser un mensaje de esperanza

dirigido a los desatendidos y abandonados,

 a aquellos que experimentan la soledad

o el abandono por parte de la sociedad;

un mensaje de audacia, amor y confianza,

para todos nuestros conciudadanos,

porque los bienes de la tierra son de todos.

El cristiano, está siempre al servicio de la sociedad, no da lo que le sobra, sino que pone su mirada en lo que le falta al indigente, para cubrir sus necesidades. Nunca puede olvidar al que no tiene, defendiendo, ayudando y hablando por los que no tienen voz. Porque somos presencia actualizada en la historia del Dios que nunca nos olvida.

LA VERDADERA LIBERTAD

Elige el bien es la regla de la auténtica libertad

incluso cuando no se nos presenta fácil.

Ser libre, no es hacer lo que uno quiere

sin límite, sin ataduras ni obligaciones,

es elegir el bien, incluso ante la dificultad.

Es el paso para abordar la madurez

de una vida comprometida y coherente

donde se actúa con juicio y sensatez

antes las esclavitudes del ambiente.

Una persona verdaderamente libre,

actúa con independencia y autonomía,

sin atarse a coacciones generales,

comprometiéndose con valentía,

marcándose el ritmo de sus acciones

sin caer ante las presiones sociales.

La auténtica libertad nos hace más humanos

porque discernimos con responsabilidad,

favoreciendo la fortaleza de nuestro espíritu

y desarrollando nuestra capacidad para amar.

¿Somos libres frente a los prejuicios y arbitrariedades que nos rodea o nos asociamos a los que difunden negatividad y falsedades?

¿ Nos dejamos aprisionar por temor a lo que pensará la gente? Y también, ¿cómo acogemos las dificultades, las injusticias y la indiferencia que nos rodean?

No seamos cobardes o tibios de corazón, aceptemos la verdad y no actuemos como los que no tienen la valentía para decir: “No, esto no es así”  “No, eso no está bien”  “No, esta es la verdad” «Yo no estoy de acuerdo con esto»