«Pero yo no me olvidaré jamás de ti» (Is 49,15)
Amor de Dios por cada persona, un amor que permanece inalterable incluso ante la fragilidad propia del indigente.
Ser cristiano es mirar la existencia
con los ojos y el corazón de Dios.
El cristianismo no es una doctrina,
es una presencia de Dios en la historia.
Un cristiano no se compromete en la sociedad
para actuar en veneficio de sus colegas cristianos,
sino para defender lo que Jesucristo defendió,
ayudando y hablando por los que no tienen voz.
¿Cómo ha de ser nuestra presencia pública hoy?
Debemos de aprender a defender nuestras convicciones,
a dialogar sobre la dignidad y el derecho de toda persona.
Tenemos miedo a hablar de estos temas para evitar divisiones,
pero deberíamos saber tratarlos juntos y tomar decisiones.
Hemos de usar este nuevo lenguaje para dialogar,
para hablar de los derechos de toda la humanidad,
tomando conciencia de la dignidad de los marginados,
insistir que los menesterosos e indigentes sean admitidos,
reclamar que los derechos de toda persona sean atendidos,
presionar para todo ciudadano sea ayudado y favorecido.
Hemos de situarnos ante una toma de decisiones
que debemos asumir con precisión y urgencia,
no solo porque con ello nos jugamos la democracia
sino, porque nuestros auténticos valores cristianos,
reclaman el ser coherentes con nuestra conciencia.
Nuestro deber es crear, construir juntos una sociedad
donde reine la armonía, para dialogar, para hablar
sobre el crecimiento de nuestra propia historia,
donde creyentes y no creyentes nos juntemos
para construir un futuro de mejor humanidad,
donde la dignidad humana nos ha de fraternizar
dejando a nuestro paso una huella de bondad,
donde los derechos de todos, sea nuestra prioridad.
Esto quiere ser un mensaje de esperanza
dirigido a los desatendidos y abandonados,
a aquellos que experimentan la soledad
o el abandono por parte de la sociedad;
un mensaje de audacia, amor y confianza,
para todos nuestros conciudadanos,
porque los bienes de la tierra son de todos.

El cristiano, está siempre al servicio de la sociedad, no da lo que le sobra, sino que pone su mirada en lo que le falta al indigente, para cubrir sus necesidades. Nunca puede olvidar al que no tiene, defendiendo, ayudando y hablando por los que no tienen voz. Porque somos presencia actualizada en la historia del Dios que nunca nos olvida.



