No es fácil aceptar la soledad,
el no tener a nadie con quién conversar,
el saberme ignorada por la sociedad,
es algo que me cuesta superar.
Tu llamada o visita semanal,
es para mí como una fiesta de alegría,
es mi único momento de compañía
que hace aminora mi soledad.
El descubrir que alguien se preocupa por mí,
que me llama o me visita con regularidad,
destruye el dolor de mi corazón
y me llena de esperanza e ilusión.
Esa ilusión de esperar que vengas
me ayuda a asumir la cruda realidad,
a llevar con entereza mi cotidiana soledad,
porque sé que alguien busca mi felicidad.
Compartir contigo una simple conversación,
el saber que te preocupas por mi bienestar,
llena mi espíritu de plena satisfacción.
La ilusión de pensar:
alguien se acuerda de mí,
alguien me quiere cuidar
alguien me regala su cariño
no tiene precio para mí
y calma mis ansias de esperar.
Tu sola presencia es un lenguaje
que aún sin palabras me susurra:
Me importas, espero que estés bien,
me alegra tu compañía…
Eres un regalo para mí,
y el saberme cuidada y protegida,
llenas mis ansias de felicidad
porque me sé presente en tu vida.
Y aunque estés lejos,
el esperarte de nuevo
llena de ilusión mi soledad
confiando en la fidelidad
de nuestro próximo encuentro.
NO TARDES, AÑORO TU COMPAÑÍA

“ Vivimos hiperconectados, pero a veces emocionalmente solos. El cuerpo necesita vínculos reales; sentir que importamos, mirar y ser mirados. No es la cantidad de contactos, sino la calidad de los lazos, lo que sostiene nuestra salud, alma y sentidos” Mario Alonso Puig


