En una sana política democrática,
se ha de respetar el pluralismo,
la tolerancia cívica de opiniones,
e incluso las contradictorias decisiones,
si todos buscamos el bien común.
No será posible el encuentro y el diálogo
si no practicamos la escucha eficiente,
si no nos abrimos a aprender del otro,
si no somos capaces de acoger lo diferente;
si no asumimos la posibilidad de cambiar de opinión,
cuando veamos que haya razones suficientes,
sabiendo combinar el respeto al oponente,
sin que suponga una ruptura de relación.
Para una fuerte implicación comunitaria,
es fundamental escuchar a todos atentamente
e intentar comprender sus motivaciones,
aprendiendo a valorar sus explicaciones,
pues son puntos de encuentro que enriquecen
y nos lleva a aceptar lo diferente.
A un acuerdo público equilibrado
será posible llegar por consenso,
si es aceptado por la colectividad
si bajo distintas expresiones,
es reconocido por la diversidad;
y será una decisión bien tomada
si es en beneficio de la comunidad
Esta es la gran tarea a tratar,
en una buena convivencia social.

(Imagen generada por IA)
“Aprendamos a escucharnos unos a otros,
a afrontar los desafíos presentes con valentía
y a cooperar en la construcción de una sociedad
más humana y fraternal” León XIV.
