LA BONDAD

La bondad entretejida en los gestos rutinarios,

y en las pequeñas acciones cotidianas,

es capaz de despertar en cada vida,

la urgencia humanizadora en lo ordinario.

Con bondad podemos hacer milagros,

es el amor siempre saludable

es estar presente a los demás

con una afirmación entrañable,

de acogida y bienestar estable.

Los desajustes familiares y sociales que vivimos,

tantas personas invisibilizadas por la soledad,

 las brechas sociales de desigualdad …

sólo puede iniciar una aventura de sanación

 con proximidad, cariño y bondad del corazón.

 Ellos solicitan de alguien que los salude con calma,

alguien que se acerque, les pregunte, se interese …

que escuche con detenimiento su presente,

para experimentar la dicha de saberse con alma,

sentir que, en sus momentos de mayor desesperanza,

cuentan para alguien, que importan a alguien,

cambian sus vidas y vuelven a tener sentido la confianza.

La bondad germina en el silencio del corazón,

 brota sencillamente de una vida que ama,

 desarrollando la capacidad de ofrecer ayuda

aprendiendo a escuchar al otro con calma.

Se acerca a tocar con toda suavidad,

a mirar y hablar con sensibilidad,

acogiendo y entendiendo que cada vida,

requiere ser tratada con dignidad.

La bondad es la sombra proyectada de nuestro amor a Dios. Esta sombra visible a los ojos de los hombres tiene que ser reflejo de su presencia amorosa.                

EL BIEN Y EL MAL

Hay algo común a todas las personas,

 nuestra capacidad para el bien y para el cuidado,

y a la vez esa posibilidad latente del mal

de lastimar y rechazar a otro ser humano.

Nos hermanamos, en la misma condición:

sufrimos los mismos miedos, la misma debilidad,

 la misma torpeza para amar,

el mismo anhelo, la misma ansiedad…

y terminamos por rendirnos

ante los límites de nuestra frágil humanidad.

La verdadera transformación se da en nosotros

cuando empezamos a intuir nuestra condición,

cuando comprendemos que en otras circunstancias

habríamos estado en la oposición,

cuando reconocemos que no somos diferentes

de aquellos a los que hoy son nuestros oponentes,

que no somos mejores ni peores en la misma situación.

Hemos de llegar a comprender que el mal,

que combatimos afuera, está también en nosotros.

 Esas injusticias que nos escandalizan

 y nos duelen, la sentimos en el fondo del corazón,

pero a su vez el anhelo de bondad, ternura, compasión…

están también en lo mejor de nuestro interior,

grabados en la entraña más íntima,

de ahí nuestra esperanza de un mundo mejor.

Hemos de buscad relaciones de comprensión y cercanía,

para ir en dirección de la bondad del corazón,

en lo pequeño y cotidiano de cada día.

No podemos dejar escapar ninguna oportunidad,

luchemos por descubrir nuestro potencial

para ir construyendo una sana humanidad.

Por una buena convivencia:

  Olvidemos lo que nos separa y cultivemos lo que nos une, creando

espacios en los que se da el perdón y se asumen las fragilidades.

EL PRECIO DEL AMOR

El auténtico amor es gratuito.

Ama sin condiciones,

por encima de la respuesta,

sin esperar ser correspondido.

Amar sin prejuicios, ni intereses.

Amar sin pretender beneficiarse,

sin exigencias que manipulen

la libertad del ser amado.

El amor incondicional es gratuito.

Siempre busca el bienestar

y el crecimiento del amado.

Siempre deja al amado ser libre,

se alegrar con sus aciertos

y le ayuda en sus errores.

El amor verdadero respeta al amado,

le deja ser él mismo sin manipularlo,

sin dominar, oprimir o someter,

ni pretender que sea distinto de lo que es.

Asumir con paz los defectos y dificultades

creyendo en su potencial de crecer,

nos ayudará a alcanzar nuevas metas,

que nos llevarán juntos a permanecer,

mirando con gran ternura y comprensión,

en una recíproca aceptación.

El verdadero amor no tiene precio. La gratuidad del auténtico amor olvida sus propios intereses, cuando está en juego el equilibrio del bienestar del amado.

EL ASOMBRO 

Solo quien sabe descubrir las maravillas que le rodea, es capaz de asombrarse.

Del asombro brota la misericordia y la justicia, el amor y la solidaridad.

El asombro sobrepasa la admiración, hasta llegar a conmoverse,

hay que pararse, contemplar, descubrir y dejarse interrogar ante tal gratuidad.

El asombro no tiene cabida en un mundo vacío y decadente,

en una cultura egocéntrica, posesiva y pragmática,

la indiferencia nos sitúa en aquel pasotismo o banalidad

que hace de nuestra vida irrelevante, anodina y vulgar

porque el punto de partida del asombro es la gratuidad.

Necesitamos una alta dosis de sensibilidad,

ternura, alegría, nobleza y pasión por la belleza,

como fundamento de nuestra humanidad.

De ahí la urgencia de fomentar estos valores,

para desarrollar la capacidad de sobrecogerse,

ante la grandeza que nos brinda la realidad.

Es tiempo de purificación de la mirada,

de afinación del oído para escuchar,

de atreverse a contemplar y descubrir 

la belleza que nos brinda la existencia,

para captar la melodía incontenible del vivir.

Hay que mirar con ilusión y aprender a conmoverse,

ante la maravilla de la naturaleza y de la fecundidad humana,

poner frescura en la persona hasta que llegue a asombrarse,

hasta que llegue a conquistar esa inquietud sana

que brota desde lo más genuino de su interior.

No dejemos pasar la belleza ni enterremos la ilusión,

porque la felicidad consiste en acoger la vida con admiración.

DÉJAME AMARTE

Aquí estoy, contemplando la escena,

sintiendo que brota en mí,

al ver el amor de María Magdalena,

deseos de arrodillarme y ungir.

Como ella quiero bañar tus pies,

deseosa de corresponder a tanto amor

postrada y arrodillada ante ti,

vuelvo a pedirte de nuevo perdón.

Quiero con mis lágrimas ungirte,

y con llantos de contrición,

en mis ansias de amarte,

sumergirme en tu corazón.

Que mis anhelos de amarte,

sea el ungüento que bañe tus pies.

Que mis deseos de corresponderte,

perfume mi ánimo para serte fiel.

Mira lo poco que soy, y aun en mi debilidad,

quiero amarte sin condición.

Te ruego, colmes mi torpe ansiedad,

pues sólo tu amor impulsa mi decisión,

y motiva mis anhelos de fidelidad.

LA FAMILIA

Partiendo de que la persona es un ser relacional

y que ninguna familia es perfecta,

 si construimos una base consistente,

es allí donde sembramos el tejido social,

el sentido cotidiano de dependencia,

horizontes donde se despliegan los afectos

y espacios de identidad de pertenencia.

Es el único sitio donde el querer

nace de los vínculos, las raíces, el arraigo…

es el lugar donde desde el nacer

se establece las primeras relaciones,

se descubren las capacidades,

se aprende a valorar los talentos,

y se ejercita el ser responsables.

Es el lugar donde se nos aceptar,

no solo con nuestras virtudes,

 sino también con nuestras carencias,

debilidades e imperfecciones,

acogiéndonos unos a otros sin reserva,

compartiendo nuestros valores,

aceptando y desarrollando las diferencias.

Por eso

Es el hogar al que siempre se vuelve,

es el lugar donde nos van a acoger

cuando menos lo merecemos,

porque es cuando más lo necesitamos;

y encontraremos las puertas abiertas

y a alguien que nos está esperando.

Allí hallaremos el recibimiento gratuito,

porque se nos admite con toda nuestra fragilidad.

Es algo maravilloso que no se encuentra fuera,

solamente en la familia ese amor es realidad.

Ese amor gratuito e incondicional,

bien merece que lo busquemos en la parábola de ( Lc 15,11-32)

el “Padre bueno” que tiene problemas para mantener el amor familiar.

LLEGASTE A MÍ

Llegaste a mi vida cuando te necesitaba

y llenaste mi alma de alegría.

Te interesaste por todo cuanto yo era

y me diste tu amor a tu manera.

Fue suficiente tu sonrisa,

la franqueza de tu mirada,

tu gesto de confianza,

para rendirme sin vacilar.

En ti descubrí una razón para amar,

una mano para enderezarme,

un hombro para apoyarme,

y una fuerza para luchar.

Me despojaste de mis corazas,

me enseñaste a aceptar mi realidad,

llenaste mi corazón de esperanza

y me enseñaste a amar de verdad.

Contigo ya no temo el mañana,

juntos asumiremos los planes,

superaremos las preocupaciones

y conquistaremos las dificultades.

Porque eres la promesa que se cumple,

los favores sin pedir correspondencia,

el apoyo ante las dificultades

y siempre dispuesto a disculparme.

Hoy sé que cuanto me preocupa

contigo es posible superarlo,

la ilusión y confianza del futuro

impulsa mi presente para amarlo.

NO QUIERO PASAR DE LARGO

¿Qué significa el pararnos y escuchar?

¿Dónde queda la resolución de ayudar?

¿Por qué nos cuesta acoger lo diferente?

¿Cuándo optaremos por una decisión valiente?

¡Cuánto cuesta!

dar el tiempo a quien está solo,

palabras a quien se siente aislado,

ternura al que está triste,

cariño al que busca ser amado.

¡Cuánto cuesta!

Ofrecer mi fortaleza al débil,

compartir mi riqueza con el pobre,

derrochar empatía y compasión,

comunicar mi fe con quien duda,

y mi abrazo al que espera mi perdón.

No quiero pasar de largo y cerrar mi corazón,

quiero, entregar mi tiempo al que se acerca,

acompañar y escuchar al que me busca,

consolar y estimular al doliente,

respetar y coger al diferente,

llenar mi existencia de amor

y servir a todos desde mi corazón.

 El papa León XIV ha ofrecido una profunda reflexión sobre la parábola del buen samaritano. «Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió» ,… «¿Cuándo seremos nosotros capaces de interrumpir nuestro viaje y tener compasión?».

LA AUTOESTIMA

 Es conocerse por dentro y sacar lo mejor de tí.

Es aceptar tus emociones, sentimientos,

y pensamientos más profundos,

para entender como realmente eres

y poder asumir las responsabilidades con acierto.

Es la experiencia más aleccionadora que existe

para madurar como persona por dentro.

La sabiduría emocional,

busca el conocimiento propio,

reconociendo su auténtica verdad,

aceptándola con valentía,

mostrando su imagen con lealtad

y acogiendo con amor la realidad.

Hallé la paz cuando me detuve en el silencio,

Y oí lo que mi corazón quería

y lo que mi alma buscaba.

Dentro de ese silencio me vi, me encontré,

y asumí con serenidad mis ansiedades,

 dificultades y preocupaciones,

examine mis anhelos, aspiraciones y afanes,

y desde ahí, conseguí el equilibrio de mi vida interior,

aprendiendo a aceptarme como realmente soy.

Ya no temo ser auténtica ante los demás,

me siento libre para mostrarme como soy,

porque acepto mi genuina verdad,

y sé que, quien elija quererme

le será fácil acoger mi realidad.

 Eso es lo que hace tan extraordinario el amor de Dios: que nos quiere tal cual como somos, nos conoce y, sabemos que siempre nos espera con amor gratuito y misericordioso. Ojalá supiéramos corresponderle y devolverle tanto amor desinteresado.

TE NECESITO

Descubrir que uno no es autosuficiente,

que a veces necesita dejarse ayudar,

dejarse consolar, dejarse abrazar,

dejarse sostener, dejarse apoyar…

No es señal de flojedad, ni flaqueza.

no es motivo de inseguridad o vergüenza.

Pedir ayuda no indica ninguna debilidad,

es sencillamente reconocerse humano,

confesar que necesitamos de los demás,

porque nacimos seres relacionales

y no nos desarrollamos en soledad.

No somos heroicos, ni inquebrantables

ni autosuficientes, ni invulnerables.

Somos con otros complementarios,

y para una realización equilibrada,

no podemos ir con la actitud

de quien sólo, todo lo puede y lo alcanza.

Reconocer nuestra fragilidad

es señal de aceptar la realidad,

es asumir nuestros límites,

descansando y confiando en los demás.

Las atenciones bilaterales,

los cuidados, el apoyo, las ayudas

que nos damos en hermandad,

con equilibrio reciproco y estable,

son señales de una sana humanidad.