Todos los seres humanos poseen la misma e intrínseca dignidad,
aunque sean o no capaces de expresarla,
independientemente de su calidad existencial,
por encima de su empeño por no vivir a la altura de su integridad.
Es la condición que fundamenta su identidad
protege todos sus derechos de igualdad.
Esta dignidad no puede ser ignorada,
estamos ante una verdad universal,
que nos exige su reconocimiento, como condición fundamental,
para sanar nuestra sociedad.
Sólo aceptando la dignidad de la persona,
podremos hacer renacer entre todos
el deseo mundial de hermandad.
Toda persona es amada por Dios
inviolable en su dignidad, enraizada,
en el valor ontológico de su nobleza,
más allá de toda circunstancia arraigada.
Por lo que,
todo ser humano debe ser reconocido
aceptado y tratado con respeto y amor,
en todas sus circunstancias y condición.
Cada uno somos único y diferente
con rasgos que varían externamente,
pero hay algo que nos iguala
ante cualquier diferencia humana
nuestra dignidad de ser persona.
Es precisamente en ese reconocimiento y aceptación, donde se debe establece
una convivencia entre los seres humanos,
que promueva y reanime la sociabilidad
hacia un horizonte de auténtica fraternidad.
La custodia por la dignidad de toda persona,
la defensa de sus derechos humanos,
es un gesto necesario y urgente por denunciar
ante las violaciones de la dignidad humana,
amparándolo en cada contexto social,
por encima de cualquier deficiencia física,
psicológica, social o incluso moral,
es una tarea que debemos priorizar.

Son violaciones de la dignidad humana, las condiciones de vida infrahumanas, la prostitución, el tráfico de personas, las condiciones laborales precarias, las deportaciones, la guerra, los abusos sexuales, el «descarte» de las personas con discapacidad, la violencia de género, el aborto, la eutanasia, porque está en juego los derechos fundamentales de la vida.
En definitiva, «todo lo que atenta contra la integridad de la persona humana» aunque el sujeto ni sepa reconocerlo como tal, hemos de reconocerlos como actos contra los derechos humanos.
