NACIDA PARA AMAR

Dame la ofrenda de tu corazón.

Deja que la entrega mueva tu caminar.

No espero de ti más que amor,

porque has sido creada para amar.

No te excuses ante tu flaqueza,

ni dudes en ofrecerme cuanto tienes,

ámame sin miedo y yo seré tu fuerza,

si te entregas a mí tal cual eres.

Naciste para amar, no para sufrir

Y aunque te encuentres con espinas

con ellas siempre crecen rosas

que dan equilibrio a tu vida. 

Cuando te miro a los ojos

veo lo más hermoso de tu alma,

descansa en la certeza de mi acogida

y déjame amarte con tu torpeza,

que sólo mi amor mueva tu vida

segura de que yo soy tu fortaleza.

Déjame que te acompañe en tu camino

pues sólo mi amor es tu destino,

bien sé hasta donde puedes dar

tu único empeño ha de ser amar.

Haz de tu vida un amor receptivo,

que tu entrega sea tu único motivo.

INVITADOS DE LA TIERRA

Somos invitados de la Madre Tierra,

que nos acepta al nacer y se ofrece como hogar.

¿Cómo corresponder a su acogida?

Siendo agradecidos trabajando la hermandad,

para hacerla más rica, más confortable,

devolviéndole su hospitalidad

construyéndola cada vez más agradable.

La sabiduría hace frente a los desafíos,

y nos invita a la concordia y armonía,

es sin duda el secreto de nuestro albedrío.

Así encontramos la tarea del equilibrio,

una llamada al cuidado de todo y todos,

como seres humanos comprometidos,

siendo siempre huéspedes agradecidos,

de la Madre Tierra que nos ha acogido.

Y cuando nos llegue la hora del adiós

lloraremos porque duele abandonarla.

Porque fue una madre generosa

que con gratuidad nos aceptara.

Y en nuestra plenitud, una promesa

que se abre al misterio de otra vida,

donde nos espera la recompensa

del gozo de otra eterna acogida.

Soy tu compañía

Veo tu fragilidad y vulnerabilidad

ante la eminencia de tu muerte,

busco apaciguar tu soledad

y amortiguar tu debilidad,

acompañándote en tu dolencia

con la fuerza terapéutica de mi presencia.

Sé que mi pobre y vulnerable corazón

es incapaz de entregarse sin medida,

pero, aunque torpe, quiero hacerte compañía,

que sientas mi ternura, mi compasión…mi cercanía.

Has abierto en mi corazón una herida

que no se puede cerrar tan fácilmente

y aunque no sepa amar a tu medida

siénteme aquí viviendo tu agonía.

Y cuando la muerte nos separe

yo cerraré tus ojos tristemente,

pero por la fe sé que me esperas

para encontrarnos allí eternamente.

SUEÑO

Sueño con la fidelidad a las cosas pequeñas

como prueba de un auténtico amor.

Sueño con la entrega cotidiana,

marcada por pequeños gestos

que expresan la riqueza del corazón.

Sueño con la profundidad de un amor

que se expresa en gestos concretos.

Sueño con el compromiso honesto

que se plasma en la entrega cotidiana.

Sueño con las pequeñas cosas de cada día

que enriquecen el camino del mañana.

Porque la globalidad de una vida entregada

se configura en los pequeños pasos.

Porque la fidelidad cotidiana

Hace fecundos nuestros rastros.

Deja que el amor mueva tu vida diaria,

haz de tu vida un don de absoluto amor,

y por el camino de fidelidad de cada día,

llenaras de sentido tu alegría y tu dolor.

¡MIS LAMENTOS!

La vida entera sale a mi paso invadiéndome,

sin pedirme permiso, con todos sus matices.

Siento pavor ante tanta inseguridad,

ante esa realidad sin estabilidad.

Ante la tierra exhausta que va perdiendo su belleza,

ante la violencia que se presenta en los caminos,

ante el aumento de la gente que reclama su sustento,

ante el paro, los precios al alza, la enfermedad sin cura…

Me duele el llanto de los que sufren

Me duele la soledad y el hambre,

el frio de los desnudos en invierno,

la lluvia que moja a los sintecho,

las situaciones de conflicto,

la madre que lucha por el alimento

y que amortigua su llanto en silencio.


¡Todo esto es tan innegable!

¡Siento vértigo ante esta realidad!

Observo mi mundo indiferente

ante situaciones que me desbordan.

Percibo un cierto olor a podrido.

Sin protección, sin seguridad,

sin una posible estabilidad,

¿qué nos queda de humanidad?

Me veo pequeña e impotente.

Todo esto me sobrecoge y duele.

Y aunque tengo la certeza

de que para Dios no somos indiferentes,

el misterio de su presencia

rompe mis cálculos y me estremece.

¡AQUÍ ESTOY!

Simplemente estar.

Estar a tu lado, junto a ti.

Estar mirándote y escuchándote,

con la inocencia de un pequeño niño.

Estar gozando de tu presencia,

y sentir la gratuidad de tu cariño.

Me basta con sólo el placer de mirarte

y sentirme satisfecha con tu asistencia.

Me basta con saber que estás aquí,

Recreándome en tu permanencia

¡Aquí estoy!

Estoy a gusto contigo,

simplemente mirándote fascinada.

Me basta con poder decirte si,

¡Aquí estoy!

¡Aquí estoy!

Disfrutando de estar solo los dos,

Sencillamente saboreando tu amor.

Gozando de que estás conmigo,

y llenando de alegría mi corazón.

¡Aquí estoy!

SIN RENDIRSE

Allá, en lo más hondo del alma, donde se oculta los secretos,

habita lo bueno y lo malo, el bien y el mal,

la luz y las tinieblas, lo mejor y peor de mí existencia.

Son huéspedes innatos que ocupan mi realidad.

Son compañía y misterio, fortaleza y debilidad,

brisa y a la vez tormenta, son mi maldad y mi bondad.

Allá, en el más profundo centro, se vislumbran unas batallas

que luchan por conquistarme y dominar mis entrañas.

Es una guerra donde he de vencer al egoísmo,

a la indiferencia, la injusticia, el odio… y cualquier pasión.

He de destruir el mal de este conflicto existencial,

si quiero ser la dueña y dominar la situación.

¿Quién se hará con la victoria?

Depende de a quien alimente y vigorice,

a quien impulse y robustezca,

a quien exhorte y adiestre,

a quien sostenga y fortalezca.

Esto es tarea cotidiana, hace falta resistir.

Si se pierde alguna batalla por debilidad,

si hay fracasos y derrotas en nuestro luchar…

Cada paso dado, cada bache superado,

cada momento de éxito, hay que saber celebrar.

Lo importante es hacernos con la victoria,

el bien hemos de ver triunfar,

en ello estará nuestra gloria,

ese ha de ser nuestro triunfo final.

EL HUÉSPED

Llegaste por la noche a mi casa,

golpeando la puerta muy quedamente,

como sin querer llamar la atención,

tratando de que solo yo te oyese.

No eras una visita cualquiera

¡ERAS TÚ!

Tú que buscabas quién quisiera estar contigo,

Tú que necesitabas descansar en mi amistad,

Tú que deseabas esa noche estar conmigo,

Tú que pretendías conquistar mi fidelidad.

Tú que ansiabas saber de mi alegría al recibirte,

Tú que soñabas con disfrutar de nuestra intimidad.

Te abrí mi puerta y te ofrecí hospedaje

pero tú me pediste pasar más adentro,

pretendías entrar en los secretos de mi casa

Allí, en la intimidad, donde sólo yo sé lo que pasa

Allí, donde acumulo todos mis secretos.

Te introduje en lo profundo de mi aposento

Y me dijiste: ”Dame todo esto,

quiero regalarte un nuevo vivir.

Si quieres, todo cambiará para ti,

porque yo seré tu sustento”.

Me sedujiste y me dejé seducir.

El CIRINEO

Pasaste y me miraste cuando ibas de camino,

tu mirada me sorprendió porque ibas dolorido,

Tú, cargando con la cruz sintiendo el desprecio de los esbirros

Tú, cargando con la cruz buscando una ayuda, un amigo.

Me miraste y tus ojos hicieron arder mis entrañas

¿Qué buscas en mí? ¿Un cirineo? ¿Un verdugo?

Sentí entonces que me rogabas que me ocupe de los tuyos.

Fue un momento, solo un instante, donde te vi en ellos

Y me dije en mi interior, ¿cómo los cuido? …

No es fácil, mantener tu mirada      

porque me interpelas y me dejas indefensa.

Me descentras, y en mí surge vergüenza y confusión.

Pero al instante comprendí que tú eres

 la Misericordia hecha historia en el dolor,

y que este intercambio de miradas,

sólo se puede dar ante tu entrega y pasión.

Tú nos liberas de las cargas pesadas de la vida,

cuando te encarnas en los nuevos cireneos

y en ellos nos devuelves tu mirada

llena de reconocimiento y sintonía,

trasmitiendo clemencia y armonía,

en tu bondad en ellos consumada.

Hoy al volver a mirarte me sé sostenida

por la fuerza de tu grata compañía,

que no oprime ni intimida,

sino que endereza y reanima.

Y con la fortaleza de tu mirada advertida,

puedo confiar en ser buen cirineo,

porque sé que deseas que cuide de ti en ellos.

El EXILIO

Sólo el que se sabe viviendo en tierra extraña,

sólo el que echa de menos sus raíces,

sólo el que se sabe forastero o extranjero,

puede experimentar el desarraigo.

El desarraigo del alma cuando nada nos sacia

cuando sentimos soledad y abandono

cuando la experiencia de vacío nos corroe

ante esta sociedad que nos corrompe.

Es entonces cuando anhelamos el exilio,

de este presente que nos hostiga,

como la huida de nosotros mismos,

suspirando por la tierra prometida.

Ante un exilio que se expresa rescatado

de esta modernidad devoradora,

lo vemos esencial en el ser humano,

en el anhelo de una patria soñadora.

Allí saciaremos nuestros deseos,

allí se harán realidad nuestra liberación,

allí colmaremos las esperanzas

en un futuro eterno y prometedor.

Y mientras vivimos en este destierro

separados de ese destino apasionante,

desarraigados de lo divino que anhelamos

marchamos como exiliados caminantes.