Como tierra reseca y sin agua, te añoro. Como enfermo que busca la salud, te deseo. Como niño solo ante el peligro, te evoco. Como naufrago en medio del mar, te ansío. Como ceniza de un fuego que se extingue… Así está mi alma esperando tu regreso. Todo me sobra, nada me llena si no estás aquí. La soledad pacta con la añoranza y me es imposible escapar de tu ausencia. Te añoro, te echo de menos, tengo ansias de ti. ¡Como te extraño! ¡Te necesito! Sé que ,sin ti, caminaré sin rumbo alguno, porque si me faltas mi existencia no tiene sentido. No me canso de esperar, pero tu ausencia me duele. Y para huir del dolor de la vida sin ti, He intentado poner amor en cuanto me rodea, Y en ello verte de varias formas, con anhelo y deseo. A veces llegas en calma y sosiego, ternura y caricia; Otras con estrépito y alboroto, entusiasmo y apasionamiento; pero ese difícil, porque tu recuerdo y el deseo de ti, No llena tu inmensa ausencia. Y aunque todo esté en orden, me faltas tú. Te añoro y te espero, Ven en la forma que quieras, pero ven.
LA OTRA ORILLA

Se que allí me esperas, en la otra orilla.
Y es esa seguridad la que me da fuerza para seguir viviendo.
Se que estás allí esperándome con deseo y fidelidad.
Por eso no desfallezco ante las dificultades y conflictos.
Ante la distancia y tu ausencia física.
Porque sé que este es el camino
marcado para el encuentro.
Tú me esperas. Yo me acerco.
Cada día la distancia es más corta.
Cada día mi esperanza se ilumina.
Cada día presiento que ya queda menos para reunirnos.
Y la distancia iluminada por la esperanza
me impulsa a aceptar mi permanencia en esta orilla
hasta que llegue la hora del encuentro.
Pero a veces, esta ausencia, esta soledad, este extrañarte,
hacen mis días lentos y cansinos,
y tengo que forzar la ilusión de que cada día es uno menos
para alcanzar la experiencia de consolidar nuestra unión
allí donde me esperas.
¿Cuándo me llamarás a cruzar a la otra orilla?
