ESCUCHAR

Tú no vives en una isla solitaria

somos seres de relación,

la escucha es una sabia acción

para nuestra vida solidaria.

Si quieres atender a los demás

empieza por escuchar,

sus necesidades, sus dolores,

 sus miedos, sus inquietudes ,

sus alegrías, sus ilusiones…

Aprende a escuchar con interés,

a dar tu tiempo al que se acerca a ti,

a descifrar sus silencios y acoger,

sus preocupaciones y ambiciones,

sus aspiraciones y emociones.

Da una palabra al que se siente solo

consuela al que está triste

infunde ánimo al que ves herido

y entregar tu respaldo al ofendido.

Comparte tu riqueza con el que no tiene,

tu fe con quien se apoya en falsas seguridades,

y reza al Señor, para que las necesidades de los otros

 se conviertan en una de tus prioridades.

LA GRATITUD

Los seres humanos somos incompletos

nos requerimos mutuamente,

la persona que reconoce su necesidad,

que aprecia la ayuda que recibe,

tiene que saber ser agradecida

y entender el valor de la reciprocidad.

La gratitud es un gesto de gratuidad,

que te llena de satisfacción,

al reconocer la complementariedad

de quien se ha ofrecido a ayudar.

No hay precio ni valor para medirlo

pues lo gratis de balde se da,

pero el reconocer la ayuda mutua

favorece la fraternidad.

Para mejorar el sentido de la gratitud,

en lugar de la competencia o confrontación,

hay que desarrollar una ética de cooperación,

enriqueciendo con esa virtud nuestro corazón.

Pues “Es de bien nacidos el ser agradecidos”

PERDONAR

Perdonar no es sinónimo de olvidar,

la memoria sigue su camino

pero sin duda si perdonas

tu corazón se libera y tu herida sana.

Te quitas un peso de encima,

dejas de pensar compulsivamente

en aquella persona hiriente,

que te hizo tanto mal.

Perdonar es ganar la batalla al enemigo,

a aquél que te hizo esa extorsión,

pues cada vez que lo recuerdas con rencor,

vuelve a herirte el corazón.

Has de tratar de perdonar

a las personas que te lastimaron

 y buscar la manera de olvidar,

para sanarte por dentro

y alcanzar así la libertad.

Intentar ser feliz sin perdonar

es un desgaste irrealizable,

tan absurdo, como querer saciar tu sed

bebiéndote todo el mar,

¡es una proeza inalcanzable!

Siembra la paz en tus relaciones

para que reine el amor

y nunca te hiera el rencor,

¡ábrete al amor gratuito de Dios!

LA GRATUIDAD DE TU AMOR

Llena mi corazón de tu deseo Señor,

porque quiero sentirte presente,

porque me sacaste de mi Egipto,

de los lazos del mundo que me seducían

y me llamaste de entre mi gente.

¿Por qué te preocupas tanto de mí,

si nada hice, si poco correspondí?

¿Por qué me deseas y me animas?

¿Por qué soy valiosa para ti?

Porque tu gratuidad no tiene medida.

Este misterio de la gratuidad de tu AMOR

es sublime, me desborda, se me escapa.

Va más allá de cuanto alcanza mi razón.

Por eso sólo me queda abandonarme en ti

y dejar que la fe y confianza

 sean los motores de mi existir.

Solo una cosa quiero pedirte,

que te desee ardientemente,

y viva abandonada y confiada

en tu amoroso regazo,

ansiando el eterno abrazo.

EL SILENCIO

En el silencio aprendí a estar conmigo mismo,

a oír lo que mi corazón quería y lo que mi alma buscaba,

a dar la cara a mis propios miedos

y transformarlos en aprendizaje y oportunidades.

Es el silencio interior el que me ayuda a interpretar la vida

y en él averigüé, que sólo yo seré mi eterna compañía.

Dentro de ese silencio me veo, me encuentro,

y puedo conseguí el equilibrio, que anhelo.

Tengo que ser valiente y reconocer mis limitaciones,

abrazar mis sombras y dificultades,

buscando con sinceridad interior

la luz que define la autenticidad de mi yo.

 Hallo la paz cuando descanso en el silencio,

apartándome del bullicio de cada día,

esa es la única fuente de que me da armonía,

allí saco lo mejor de mí, al escuchar en mi interior,

la raíz que me sostiene y alimenta mi energía.

Necesito detenerme y escucharme desde el silencio

reconociendo y acogiendo los talentos que Dios me ha dado,

intentando tomar mis decisiones para cumplir su voluntad,

único camino de mi existencia donde encontrar la felicidad.

¿QUÉ PRECIO TIENE LA PAZ?

Ante el horror y el error de la guerra,

siento que me sangra el corazón,

por el sufrimiento de esos seres humanos

 que se ven envueltos en un altercado

que no quieren ni han provocado.

¿A qué acciones nos reta la paz?

¿Cómo humanizar la sociedad?

¿Cómo descubrir la fraternidad?

¿Cómo crecer en humanidad?

Para que la paz sea eficaz,

 todos debemos comprometernos

con actitudes de sana humildad.

¿Quién es eres tú, para herir,

 dominar y aplastar a los demás?

 ¿Por qué ese afán de conquistar

y destruir su identidad?

Hemos de sacar de nuestro interior

 la violencia, el odio y el gesto dominador,

del que hiere y aplasta sin piedad;

hemos de recuperar la confianza,

acogiendo a los otros como hermanos

a quienes debo solo amar y respetar.

Una actitud humilde del corazón

y una comprensión de la mente;

unos actos de verdadera bondad,

que deja a los otros ser ellos mismos,

con todos sus derechos de legitimidad

de ser humano que les pertenece,

en una sociedad de fraternidad,

donde se vela por su dignidad.

Hemos de abrir nuestro corazón

a una cultura de amor y paz

que favorezca el bienestar social.

Construyamos un mundo mejor

donde el respeto y la bondad

sean nuestro único motor.

NO PERMITAS QUE TE OLVIDE

En la profundidad de mi alma

siento el dolor de tu ausencia.

Allá en lo más profundo,

donde reinan los recuerdos

que sólo tú y yo conocemos,

en lo secreto, en lo íntimo,

te añoro y reclamo tu presencia.

No permitas que te olvide,

que me amargue de nostalgia,

pues se bien que la esperanza,

me mantiene en la distancia

sufriéndola con paciencia.

Espero con ilusión

ese futuro inmediato,

permaneciendo activa,

para cerrar nuestro pacto

y reanudar nuestras vidas.

No permitas que te olvide,

aunque me duele tu ausencia,

sé que el tiempo de la espera

se acorta con persistencia.

Por eso

no permitas que te olvide,

aunque se alargue la ausencia.

 EL TIEMPO EN SOLEDAD

Quiero aprender a estar en soledad,

como mi más fiel compañera,

en ella encuentro paz y serenidad,

me descubre mi auténtica verdad

y es mi mejor consejera.

Quiero aprender a irrumpir en lo más recóndito

y afrontarme con mi auténtica realidad,

donde poder contactar con mis pensamientos

y descubrir mis más profundos sentimientos,

desafiando sin miedo mi sincera identidad.

Quiero aprender a amar la soledad,

porque es la única que siempre estará

ella me escucha, me aconseja, no me juzga,

y me abraza como nadie más lo hará,

ella es la fuente de mi auténtica felicidad.

Quiero aprender a adentrarme en mi interior

para saber interpretar su presencia,

buscando la paz que me aporta mi corazón

oyendo lo que me grita mi conciencia,

como único camino para realizar mi existencia.   

Quiero aprender a amar la soledad.

DONDE HAY AMOR

Allí, donde hay amor,

surge el gozo y la alegría,

todo en ello es sintonía

que engrandece el corazón.

Allí, se da la mejor acogida

se desborda la mayor bondad

que se desparrama y prodiga,

e impulsa hacia la felicidad.

Nunca aburre, nunca cansa,

en ella nunca hay lugar

para la tristeza y la monotonía,

porque despierta en el alma

la más perfecta armonía.

Si en el amor hay entrega

y es relación de fidelidad,

que derrocha comprensión,

ante cualquier debilidad

da siempre lugar al perdón.

Donde hay amor de verdad,

es segura la permanencia,

porque lo mejor de esta empresa,

es vivir con responsabilidad,

aceptado al amado con la mayor lealtad.

¿POR QUÉ TE QUIERO?

Cuando me paro a pensar en darte una respuesta,

sólo me sale el decir que es pura correspondencia.

Porque siento en lo más hondo de mi la fuerza de tu amor,

y ante ello sólo existe una única afirmación.

¿Por qué te quiero?

Te quiero porque admiro la gratuidad de tu amor,

porque me respetas y amas tal como soy,

porque tú motivas lo mejor de mi existencia,

porque en ti encuentro las fuerzas que necesito

para sentirme segura tan solo con tu presencia.

¿Por qué te quiero?

Te quiero porque tu amor es gratuito.

Porque me quieres por encima de mi respuesta.

Porque me aceptas sin prejuicios ni reservas.

Porque confío, sueño y rio contigo

¿Por qué te quiero?

Te quiero, por ser mi guía que va marcando mi destino,

porque eres mi refugio, mi fuerza y seguridad,

porque, aunque me conduzcas por caminos desconocidos

marcho segura a tu lado y el futuro me suena a eternidad.