Déjame levantar la mirada para verte traspasado,
quiero deslumbrarme con tu amor y tu entrega,
déjame entrar en tu corazón enamorado,
para comprender la infinitud de tu obediencia.
Veo toda tu humanidad aquí obediente
sometiéndose a los planes del Padre,
tu acatamiento a su voluntad es sublimen
y tu entrega de amor filial indiscutible.
“He aquí que vengo a hacer tu voluntad”
No lo dudaste, siempre fuiste fiel a tu misión,
eres nuestro sacerdote y víctima expiatoria
y ante todos nuestros pecados asumiste tu pasión.
Has reconciliado al mundo con Dios
y nos has hecho una criatura nueva.
Nos has despojado de la vieja condición
y nos has renovado con tu imagen eterna.
Quisiera deslumbrarme ante tal fidelidad
pero tú quieres que te descubra lentamente
porque es difícil penetrar en tu verdad
y atreverse a vivir un amor tan exigente.
Conozco muy bien mi debilidad
pero sé que no hay nada que temer,
si tengo mi mirada puesta en tu proceder
y me dispongo a vivir en tu lealtad.
Sólo en ti encuentro la esperanza
para afrontar los cambios de mi vida,
pues contigo ni entrega se redime
y eso promueve mi confianza.






