Vengo Señor para refugiarme en tí,
buscando dónde soltar todo lo que me agobia,
lo que me preocupa y me inquieta,
lo que no sé controlar por mi cuenta.
Vengo buscando cobijo y seguridad,
quiero descansar y rehacer mi fortaleza,
quiero en ti consolidar mi existencia.
Busco encontrar en ti paz y serenidad,
porque sé que me aceptas tal cual soy,
ante ti no tengo nada que ocultar
pues no te perturba mi indignidad.
Quiero dejar en tus manos todo mi pasado
con mis heridas que me avergüenzan,
acoge también la incógnita de mi futuro,
con mis incertidumbres y sospechas.
Busco vivir mi presente sintiéndome amada
y aceptada en toda mi confusa realidad,
sabiéndome segura entre tus brazos
que me rodean con ternura y bondad,
mientras escucho de tus labios:
Ven a mí. No tengas miedo.
Te espero en la infinita felicidad.

