
El Sembrador de la vida no se cansa de echar semillas,
con un saco infinito donde su mano hacedora brilla,
y esparce sus granos sobre toda la creación
como lluvia fértil sobre todos sin distinción.
Algunas cosechas dan lugar a jardines maravillosos,
personas y lugares que son dignos de admirar.
Son vergeles que crecen esplendorosos
cambiando verdaderamente la humanidad.

Pero el Sembrador sigue diseminando
también donde no sé ve fruto,
porque su amor no tiene descanso.
Y aunque algunos las pisoteen en el asfalto,
o se pierdan entre escombros,
entre rencores, malentendidos,
heridas que duelen demasiado…
Aunque a menudo, somos terreno infértil,
no se cansa nunca de esperarnos,
y no deja que su tarea sea estéril
a pesar de que le duele nuestro rechazo.

Y así continuamente, el Sembrador
no se cansa nunca de esperarnos,
porque sabe que nuestra semilla,
dará fruto bajo el sol, tarde o temprano.

Qué hermoso poema, Mary Carmen. Has descrito al Creador con una ternura inmensa, como ese sembrador paciente que nunca deja de creer en nosotros, aun cuando el terreno parece árido.
Feliz finde, preciosa. 😘🌷
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