Hay algo común a todas las personas,
nuestra capacidad para el bien y para el cuidado,
y a la vez esa posibilidad latente del mal
de lastimar y rechazar a otro ser humano.
Nos hermanamos, en la misma condición:
sufrimos los mismos miedos, la misma debilidad,
la misma torpeza para amar,
el mismo anhelo, la misma ansiedad…
y terminamos por rendirnos
ante los límites de nuestra frágil humanidad.
La verdadera transformación se da en nosotros
cuando empezamos a intuir nuestra condición,
cuando comprendemos que en otras circunstancias
habríamos estado en la oposición,
cuando reconocemos que no somos diferentes
de aquellos a los que hoy son nuestros oponentes,
que no somos mejores ni peores en la misma situación.
Hemos de llegar a comprender que el mal,
que combatimos afuera, está también en nosotros.
Esas injusticias que nos escandalizan
y nos duelen, la sentimos en el fondo del corazón,
pero a su vez el anhelo de bondad, ternura, compasión…
están también en lo mejor de nuestro interior,
grabados en la entraña más íntima,
de ahí nuestra esperanza de un mundo mejor.
Hemos de buscad relaciones de comprensión y cercanía,
para ir en dirección de la bondad del corazón,
en lo pequeño y cotidiano de cada día.
No podemos dejar escapar ninguna oportunidad,
luchemos por descubrir nuestro potencial
para ir construyendo una sana humanidad.

Por una buena convivencia:
Olvidemos lo que nos separa y cultivemos lo que nos une, creando
espacios en los que se da el perdón y se asumen las fragilidades.

Mª Carmen, muchas gracias. Me ha gustado mucho. Muy profundo. ¡Y qué facilidad tienes para escribir
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Gracias por seguirme.
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Querida Mari Carmen, qué palabras tan llenas de verdad. Me gusta cómo abrazas la fragilidad humana sin juicios, transformándola en esperanza y en posibilidad de encuentro. Es un mensaje que acaricia y une, recordándonos que siempre hay lugar para la bondad en lo cotidiano.
Buenas noches. 🥰🌷
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