Solo quien sabe descubrir las maravillas que le rodea, es capaz de asombrarse.
Del asombro brota la misericordia y la justicia, el amor y la solidaridad.
El asombro sobrepasa la admiración, hasta llegar a conmoverse,
hay que pararse, contemplar, descubrir y dejarse interrogar ante tal gratuidad.
El asombro no tiene cabida en un mundo vacío y decadente,
en una cultura egocéntrica, posesiva y pragmática,
la indiferencia nos sitúa en aquel pasotismo o banalidad
que hace de nuestra vida irrelevante, anodina y vulgar
porque el punto de partida del asombro es la gratuidad.
Necesitamos una alta dosis de sensibilidad,
ternura, alegría, nobleza y pasión por la belleza,
como fundamento de nuestra humanidad.
De ahí la urgencia de fomentar estos valores,
para desarrollar la capacidad de sobrecogerse,
ante la grandeza que nos brinda la realidad.
Es tiempo de purificación de la mirada,
de afinación del oído para escuchar,
de atreverse a contemplar y descubrir
la belleza que nos brinda la existencia,
para captar la melodía incontenible del vivir.
Hay que mirar con ilusión y aprender a conmoverse,
ante la maravilla de la naturaleza y de la fecundidad humana,
poner frescura en la persona hasta que llegue a asombrarse,
hasta que llegue a conquistar esa inquietud sana
que brota desde lo más genuino de su interior.
No dejemos pasar la belleza ni enterremos la ilusión,
porque la felicidad consiste en acoger la vida con admiración.


Mi querida Mary Carmen:
Podrías dejarlo así, breve y afectuoso:
«La felicidad nace cuando miramos la vida con asombro y dejamos que su belleza nos conmueva.»
Espero que pases un feliz día.
Un besito. 🥰🌷
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Gracias Yvonne, tus comentarios me impulsan a seguir adelante.
Espero que ya estés bien de salud
Un fuerte abrazo amiga
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