Descubrir que uno no es autosuficiente,
que a veces necesita dejarse ayudar,
dejarse consolar, dejarse abrazar,
dejarse sostener, dejarse apoyar…
No es señal de flojedad, ni flaqueza.
no es motivo de inseguridad o vergüenza.
Pedir ayuda no indica ninguna debilidad,
es sencillamente reconocerse humano,
confesar que necesitamos de los demás,
porque nacimos seres relacionales
y no nos desarrollamos en soledad.
No somos heroicos, ni inquebrantables
ni autosuficientes, ni invulnerables.
Somos con otros complementarios,
y para una realización equilibrada,
no podemos ir con la actitud
de quien sólo, todo lo puede y lo alcanza.

Reconocer nuestra fragilidad
es señal de aceptar la realidad,
es asumir nuestros límites,
descansando y confiando en los demás.
Las atenciones bilaterales,
los cuidados, el apoyo, las ayudas
que nos damos en hermandad,
con equilibrio reciproco y estable,
son señales de una sana humanidad.
