Me postro ante ti, Cristo llagado

y contemplando tus pies clavados

te ruego que me aceptes en tu compañía

para consolarte al poder besarlos.

Esos divinos pies ensangrentados

y cosidos a tan santo madero,

me impulsan a caminar hacia ti

con creciente abnegación y desvelo.

Si me fijo en tus pobres rodillas

magulladas por tus torpes caídas

sólo me invitan a postrarme de hinojo

y contemplar todas tus heridas.

Al contacto de tu costado abierto

sintiendo el silencio de tu corazón,

considero mis afectos y ataduras

y me urges a romper mis ligaduras.

A esas manos agujereadas por amor

quiero asirme para aprender

a ser servicio y bendición

al que demanda mi atención.

Y ¡qué decir de tu frente coronada

con esas duras espinas clavadas!

¿no se me arranca en mi interior

la soberbia de mi corazón?

Al contemplar todas tus heridas

no puedo más que agradecida

aceptar mi pecadora realidad

y acogerte con sincera humildad.

Que yo comprenda Jesús llagado

tu obediencia y eterno dolor,

pues sólo un corazón enamorado

entiende de entrega y perdón,

y la esperanza no defrauda al amor.

Publicado por marycarmenmur

Maestra alicantina que ha recorrido medio mundo antes de jubilarse. Si quieres conocerme sígueme en mi blog: minovela.home.blog

Deja un comentario