Ante el horror y el error de la guerra,
siento que me sangra el corazón,
por el sufrimiento de esos seres humanos
que se ven envueltos en un altercado
que no quieren ni han provocado.
¿A qué acciones nos reta la paz?
¿Cómo humanizar la sociedad?
¿Cómo descubrir la fraternidad?
¿Cómo crecer en humanidad?
Para que la paz sea eficaz,
todos debemos comprometernos
con actitudes de sana humildad.
¿Quién es eres tú, para herir,
dominar y aplastar a los demás?
¿Por qué ese afán de conquistar
y destruir su identidad?
Hemos de sacar de nuestro interior
la violencia, el odio y el gesto dominador,
del que hiere y aplasta sin piedad;
hemos de recuperar la confianza,
acogiendo a los otros como hermanos
a quienes debo solo amar y respetar.
Una actitud humilde del corazón
y una comprensión de la mente;
unos actos de verdadera bondad,
que deja a los otros ser ellos mismos,
con todos sus derechos de legitimidad
de ser humano que les pertenece,
en una sociedad de fraternidad,
donde se vela por su dignidad.
Hemos de abrir nuestro corazón
a una cultura de amor y paz
que favorezca el bienestar social.
Construyamos un mundo mejor
donde el respeto y la bondad
sean nuestro único motor.

