Sin importar los años que se tenga
se envejece a cualquier edad
cuando se abandona la propia vida
sin esperanza ni ilusión por luchar.
Cuando ya no se tiene ganas de aprender,
cuando se cree que después de un fracaso
ya no se puede volver a querer.
Se envejece cuando se es demasiado racional,
porque se cierra las puertas a la imaginación,
se corta las alas a la receptividad
y se olvida la belleza de la originalidad.
Cuando se perdió la magia, la ilusión,
la esperanza, la fantasía o dejamos de soñar.
Sin importar los años nos hacemos viejos
cuando dejamos las aspiraciones,
la sonrisa, el deseo de ser feliz,
cuando olvidamos las amistades
y ya no tenemos interés por salir,
cuando ya no hacemos planes,
cuando nos hunden las desilusiones,
y sin importar los años que se tenga
perdemos las ganas de vivir.

