Acabo de conversar contigo.
Bastó el oírte, el escucharte,
el conocer todo aquello que te hace feliz de mí,
para comprender la profundidad de tu amor,
para palpar cómo arde tu corazón,
para sentirme dichosa y querer vivir.
Me amas tal como soy, con todas mis debilidades,
mis defectos, mi temperamento, mis complejos…
con todo mi modo de ser, así me amas.
Y porque me acoges tal como soy,
tengo la certeza de saberme amada
por encima de mi respuesta.
Tú me haces salir al encuentro de la vida,
sólo tú das sentido a mi existencia
porque sé que me amas sin medida.
Me veo tan pequeña, y tu amor es tan grande,
que siento vértigo y todo mi ser arde.
Me sé amada, con un amor desinteresado,
generoso, gratuito, comprensivo…
El fuego de tu amor es tan apasionado
que, a pesar de mí, permanezco a tu lado.
Y al reconocerme ante ti, tal como soy
y tener la certeza de la gratuidad de tu amor,
no puedo menos que aceptarme
porque sólo el saberme amada así,
sin medida, me puede hacer feliz.
Sé que esta dicha de merecerte
he de conquistarla día a día,
no sin esfuerzo, pero siempre con confianza,
pues sólo el verme aceptada y querida,
por encima de mi respuesta,
hace que arda el sentido de mi vida.

