
Se que allí me esperas, en la otra orilla.
Y es esa seguridad la que me da fuerza para seguir viviendo.
Se que estás allí esperándome con deseo y fidelidad.
Por eso no desfallezco ante las dificultades y conflictos.
Ante la distancia y tu ausencia física.
Porque sé que este es el camino
marcado para el encuentro.
Tú me esperas. Yo me acerco.
Cada día la distancia es más corta.
Cada día mi esperanza se ilumina.
Cada día presiento que ya queda menos para reunirnos.
Y la distancia iluminada por la esperanza
me impulsa a aceptar mi permanencia en esta orilla
hasta que llegue la hora del encuentro.
Pero a veces, esta ausencia, esta soledad, este extrañarte,
hacen mis días lentos y cansinos,
y tengo que forzar la ilusión de que cada día es uno menos
para alcanzar la experiencia de consolidar nuestra unión
allí donde me esperas.
¿Cuándo me llamarás a cruzar a la otra orilla?
